Iluminación
Diseño lumínico, robótica y control DMX.
Sonido · AMBA
Cada evento pide un sistema distinto. No es lo mismo un salón para 150 personas que un escenario al aire libre para varios miles: cambia la potencia, la cobertura y la forma de montarlo. Definimos el sistema según el lugar, la cantidad de público y el tipo de show, lo montamos, lo operamos durante todo el evento y lo desarmamos. Siempre con técnico propio.
Cuatro cosas: cuánta gente, si es adentro o afuera, qué tipo de música y qué forma tiene el lugar. Con esas cuatro se elige el sistema. El resto es ajuste.
La cantidad de gente y el lugar mandan sobre la potencia. En un salón cerrado, hasta 100 personas se resuelven con un sistema compacto de dos cajas y un subwoofer; hasta 300 conviene un sistema de entre 4.000 y 8.000 W RMS con dos subs. Al aire libre hay que subir bastante para la misma cantidad de gente, porque no hay paredes que devuelvan el sonido: se va y no vuelve. Sumale viento, ruido de fondo y que casi nunca hay energía suficiente en el lugar.
El tipo de música manda sobre el grave. Una banda con batería en vivo o un DJ de electrónica piden mucho más subgrave que una charla, un acto o música ambiente. La profundidad del lugar manda sobre la cobertura: cuando el público está lejos del escenario ya no se trata de más potencia sino de cómo se reparte. A partir de unas 400 o 500 personas, o cuando el fondo queda a mucha distancia, hace falta un line array: cajas colgadas una debajo de la otra que llegan parejo desde la primera fila hasta la última, sin ensordecer adelante para que se escuche atrás. Para 150 personas en un salón es tirar plata; para 800 al aire libre es la única forma.
El técnico está en la consola desde la prueba de sonido hasta que se apaga el último parlante. No es un detalle: el nivel de una ceremonia no es el de la fiesta, un orador de voz baja necesita otra ganancia que uno que grita, y un acople se resuelve en el momento o arruina el discurso. Un sistema bien elegido sin nadie atrás de la consola suena peor que uno más chico bien operado.
Antes del evento se hace la prueba con la banda o con el DJ, se calibra el sistema para la sala real —no para la ficha técnica— y se coordinan las frecuencias de los inalámbricos entre sí y con lo que haya operando en el predio: TV, otros sistemas, la radio del predio. En un salón común se manejan varios canales sin problema; para actos con muchos oradores conviene avisarlo al pedir el presupuesto, para hacer la coordinación antes y no el mismo día.
Rangos y criterios
Son criterios de dimensionamiento, no una lista de stock: cada evento se cotiza con el lugar y el público reales. De qué depende el precio.
Siempre con técnico propio
Equipamiento, montaje, operación durante el evento y desmontaje van juntos. El precio depende del público, del lugar, de las horas y de qué más haga falta: de qué depende el precio.
Recomendación
Se puede consultar con la fecha y nada más: contestamos igual. Pero un presupuesto firme necesita saber contra qué se está cotizando, y sin eso lo único honesto que se puede dar es un orden de magnitud. Si tenés estos datos a mano, te pasamos un número cerrado en 24 horas y ése es el que se factura.
Si algo de eso todavía no lo sabés, no importa: lo vemos juntos.
Lo que conviene saber
Un show en vivo pide monitoreo de escenario, backline y una prueba de sonido en serio: así lo hicimos con La Renga en Luján, con Nonpalidece en Lomas y con Turf en Escobar. Un acto municipal pide inalámbricos coordinados y voz clara hasta el fondo de la plaza, como en los Días Patrios de Escobar o el Día del Tratado de Pilar. Un evento corporativo o un lanzamiento pide refuerzo prolijo para oradores y música, sin que nada retumbe. Un casamiento o una fiesta privada son tres eventos en uno —ceremonia, cóctel y pista— y se resuelven con un solo montaje que va cambiando de configuración durante la noche.
Preguntas
La regla práctica es la cantidad de gente y si es adentro o afuera. En salón cerrado, hasta 100 personas se resuelve con un sistema compacto de dos cajas y un subwoofer; hasta 300 conviene un sistema de entre 4.000 y 8.000 W RMS con dos subs. Al aire libre hay que subir bastante, porque no hay paredes que devuelvan el sonido. El número final depende del tipo de música: una banda con batería en vivo pide mucho más grave que una charla o música ambiente.
A partir de unas 400 o 500 personas ya no alcanza con apilar cajas: hace falta un line array. La diferencia es la cobertura, no sólo la potencia. Un line array reparte el sonido parejo desde la primera fila hasta el fondo, mientras que un sistema apilado ensordece adelante para que se escuche atrás. Para eventos de ese tamaño al aire libre también hay que prever monitoreo de escenario y, casi siempre, energía propia.
Cambia todo. En un salón las paredes devuelven energía y el sistema rinde más de lo que dice la ficha; al aire libre el sonido se va y no vuelve, así que para la misma cantidad de gente hace falta bastante más potencia y más subgrave. Sumale que afuera hay viento (mueve el sonido de lugar), ruido de fondo y casi nunca hay energía suficiente en el lugar. Un evento al aire libre siempre se cotiza distinto que el mismo evento bajo techo.
Es un sistema de cajas colgadas una debajo de la otra que trabajan como una sola fuente. Sirve para llegar lejos con nivel parejo y para no tirar sonido donde no hay público: si al costado hay vecinos, se puede recortar esa zona. Hace falta cuando el público es mucho o está muy lejos del escenario. Para 150 personas en un salón es tirar plata; para 800 al aire libre es la única forma de que atrás se escuche sin reventar a los de adelante.
Un casamiento son tres eventos distintos con un solo montaje. La ceremonia necesita micrófonos inalámbricos y refuerzo suave, para que se escuchen los votos sin que retumbe. El cóctel necesita música ambiente repartida, no un frente que aturda. La fiesta necesita el sistema principal con subwoofers. Se monta todo junto y se va cambiando la configuración según el momento, que es justamente lo que hace el técnico durante la noche.
Depende de cuántas frecuencias limpias haya en el lugar, no de cuántos micrófonos tengamos. Cada inalámbrico ocupa una frecuencia y hay que coordinarlas entre sí para que no se interfieran, teniendo en cuenta la TV y los otros sistemas que estén operando en el mismo predio. En un salón común se manejan varios canales sin problema; para actos con muchos oradores conviene avisarlo al pedir el presupuesto para hacer la coordinación antes y no el mismo día.
Va con técnico propio, presente todo el evento. Es la parte que más se nota: el nivel de la ceremonia no es el de la fiesta, un orador con voz baja necesita otra ganancia que el que grita, y si aparece un acople hay que resolverlo en el momento. Un sistema bien elegido pero sin nadie atrás de la consola suena peor que un sistema más chico bien operado.
Diseño lumínico, robótica y control DMX.
Indoor y outdoor, proyección y switcheo multicámara.
Truss, tarimas y torres de soporte, calculadas.
Tableros, distribución y puesta a tierra.
Humo bajo, CO2, chispas frías y confeti.
Base en Domingo Martinto 450, Wilde, y operación en toda el área metropolitana. Cada zona tiene su página con los trabajos que hicimos ahí: